ALCA: El acuerdo que no fue



Rogelio Santo Domingo

MIAMI, 21 nov (IPS) - Ministros de 34 países americanos declararon su
voluntad de marchar hacia un área de libre comercio común que permita a cada
uno acomodarse según sus posibilidades, concepto que encubre profundas
diferencias entre intereses particulares y la urgencia de reducir la
pobreza, según la sociedad civil.
El ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas) que los gobiernos del
continente, todos salvo Cuba, esperan poner en marcha a fines de 2005 es un
objetivo clave de la política estadounidense.

La VIII Conferencia Ministerial de las Américas instalada el jueves en la
sudoriental ciudad estadounidense de Miami concluyó sorpresivamente en la
noche de esa misma jornada, un día antes de lo previsto, pues el acuerdo
sobre la Declaración Final hizo innecesario continuar con las
deliberaciones.

El documento, delineado desde principios de la semana entre los
copresidentes del encuentro, Brasil y Estados Unidos, permite que los países
puedan optar o descartar algunas cláusulas a su conveniencia.

También establece que cuestiones delicadas, como el desmantelamiento de los
subsidios agrícolas, sean discutidas en el seno de la Organización Mundial
del Comercio (OMC).

"Aún tenemos una gran cantidad de asuntos sustanciales que discutir y no son
fáciles", subrayó el canciller brasileño Celso Amorim.

"Pero lo que decidimos fue insistir en una dirección que crea las
condiciones para llegar a un acuerdo. Claro que esto no garantiza que al
final lleguemos a ponernos de acuerdo, pero crea las condiciones para un
acuerdo", enfatizó.

Los ministros "aprendieron algunas lecciones" de la fallida conferencia de
la OMC en México, dijo el representante de Comercio de Estados Unidos,
Robert Zoellick.

Por tanto comprendieron la necesidad de dar pasos decisivos hacia "una nueva
fase, que parte de los conceptos generales y las conversaciones que hemos
sostenido, a una de realidades concretas", añadió. El ALCA abarcaría un
mercado potencial de 800 millones de personas, con un producto interno bruto
de 11.000 millones de dólares, pero donde aproximadamente más de un cuarto
de la población no es capaz de cubrir sus necesidades básicas y las
desigualdades dentro y entre los países son abismales.

Brasil y Estados Unidos diseñaron el modelo "a la carta" o "flexible" para
evadir el callejón sin salida al que los conducían sus profundas diferencias
sobre la amplitud del acuerdo.

La tesis se impuso contra del deseo de otros gobiernos, especialmente de
México, Canadá y Chile, que ya tienen acuerdos amplios de intercambio
comercial entre ellos y con Estados Unidos, y que aspiraban a un mercado
abierto que derribara definitivamente los aranceles a la importación en el
continente.

Pero los agricultores y los poderosos sindicatos industriales de Estados
Unidos también quieren limitar la amplitud de la apertura, y el presidente
de ese país, George W. Bush, no encuentra muy conveniente insistir en un
asunto impopular durante un año previo a elecciones.

De hecho, la sede de la conferencia, Miami tenía sus desventajas. Es el
punto de encuentro cultural y comercial del Sur y el Norte del continente,
pero también es un escenario decisivo para la batalla electoral
estadounidense y destaca la importancia de miles de productores de cítricos,
cuyo negocio se ve amenazado si pierden sus jugosos subsidios.

"El asunto agrícola es algo que estamos negociando todavía", dijo Zoellick,
pero pareció claro que no es un tabú, en tanto su gobierno se comprometió a
"a reducir los subsidios y trabajar en lo que se refiere a acceso a
mercados".

De cualquier modo, el entusiasmo inicial de Washington con el ALCA se ha
desvanecido, mientras su "guerra contra el terrorismo", especialmente la
resistencia iraquí a la ocupación militar estadounidense acapara su
atención.

Brasil por su parte, no obtuvo el acceso a sus productos agrícolas, bandera
que lo llevó a liderar a las naciones en desarrollo en las conversaciones de
septiembre en la OMC y por la cual fue señalado por europeos y
estadounidenses como responsable de su fracaso.

Está claro que Brasilia sigue dispuesta a volver sobre el asunto agrícola en
una próxima ronda pero mientras Estados Unidos no insista con obtener a
cambio la apertura a los servicios financieros y el mercado tecnológico
brasileño.

No sólo Bush tenía intereses políticos en juego. Muchos gobiernos
latinoamericanos sienten que su estabilidad podría verse amenazada si
aparecen como rendidos a presiones indebidas del gigante del Norte.

Mientras tanto, el mensaje de sindicatos y organizaciones no gubernamentales
que participaron en el foro de desarrollo sostenible coloca muchas preguntas
sobre el presunto nuevo rumbo del ALCA.

"El ALCA podrá tener una nueva visión, pero sigue a ciegas frente a las
necesidades de los pobres", dijo EL director de la campaña de comercio de la
organización humanitaria Oxfam International, Phil Bloomer, con sede en
Londres.

"Esta declaración encubre las diferencias irreconciliables entre intereses
particulares por un lado, y la urgente necesidad de reducir la pobreza por
el otro", añadió.

"Marchamos junto a los obreros porque queremos decir no a este ALCA en el
que los más grandes le imponen sus normas a los más pequeños", sostuvo a IPS
Fernanda Castejón, también de Oxfam, quien participó en el Foro de
Desarrollo Sustentable y en la manifestación organizada el jueves por los
sindicatos estadounidenses.

"Condenamos la violencia porque parece que no tuviéramos juicio y distrae la
atención sobre asuntos muy serios que hay que dejar claros", afirmó en
referencia a esporádicos choques entre la policía y un puñado de activistas.

"El libre comercio es útil para combatir la pobreza si incluye medidas para
compensar a los más débiles y a los que no son considerados competitivos. De
otra forma, esto simplemente acabará como le pasó a México con el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte", TLCAN , apuntó.

La activista se refería al documento distribuido por el Carnegie Endowment
por la Paz, según el cual antes de ver los frutos del crecimiento económico
del TLCAN, los mexicanos perdieron cientos de miles de empleos y los nuevos
puestos de trabajo expusieron a muchos a condiciones de explotación
inaceptables.

La Coalición Health Gap (HGC), entre otras organizaciones, puso en el tapete
el capítulo de los derechos de propiedad intelectual propuesto por Estados
Unidos en la declaración.

"La protección a la industria farmacéutica estadounidense impide el acceso a
medicinas a los más necesitados en América Latina", dijo Paul Davies,
portavoz de HGC.

Según la organización Médicos Sin Fronteras, la propuesta estadounidense
contraviene el acuerdo de la OMC, que reconoce el derecho de los países
pobres a importar medicamentos genéricos, menos costosos que los patentados
por los grandes laboratorios, para combatir emergencias sanitarias o
epidemias.

"Casi dos millones de personas en el Caribe y América Latina viven con VIH
(causante del sida). Un acuerdo que no tome en cuenta que la competencia de
los genéricos ha derribado los precios de las medicinas antirretrovirales en
casi 98 por ciento, de 20.000 a 140 dólares por persona y por año, estaría
condenándolas a muerte", añadió Davies.

Lo mismo es válido, pero en sentido inverso para la industria tabacalera,
también objeto de críticas por parte de la coalición de organizaciones de
salud presentes en Miami. En este caso, insisten, la naturaleza letal del
tabaco debe prevenir a los gobiernos de incluirlo en el sistema de
exclusiones arancelarias (