Brasil,Nicaragua: Brasil y Nicaragua



2004-01-23



Frei Betto


Estuve ligado a Nicaragua desde el comienzo de la Revolución Sandinista. Con
Lula acudí a la conmemoración del primer aniversario de la Revolución, en
Managua, el 19 de julio de 1980. En aquella ocasión conocimos a Fidel
Castro. Entre 1979 y 1988 asesoré al Frente Sandinista en la relación
cristianismo y marxismo, así como en el trabajo de la educación popular.


Muchos factores contribuyeron al fracaso del sandinismo. Factores externos,
como la presión del gobierno Reagan, el terrorismo de los 'contras'
financiados por los Ee.UU., la imposibilidad de que la Unión Soviética diera
un apoyo más efectivo, como había hecho con Cuba en décadas anteriores. Y
factores internos, como el progresivo distanciamiento entre los dirigentes
sandinistas y el pueblo, la falta de un trabajo entre las bases populares,
la incapacidad del Frente Sandinista para articular un conjunto de fuerzas
internacionales que obligase al gobierno de Reagan a dar marcha atrás en la
agresión a Nicaragua.


Los sandinistas hicieron una revolución. Lula ganó una elección. Se trata de
una diferencia fundamental: Lula no provocó una ruptura institucional. Por
lo que se equivocan quienes esperan de este gobierno actitudes y
consecuencias propias de una revolución. Por haber llegado al poder por la
vía de la institucionalidad burguesa, Lula debe respetar las reglas del
juego democrático, está obligado a negociar con los poderes Legislativo y
Judicial. Mediante una amplia coalición partidaria, el gobierno va creando
las condiciones para implementar reformas en la estructura brasileña, dos de
las cuales se implementaron en el primer año de gobierno: la previsional y
la tributaria. En este año de 2004 será prioritaria la reforma agraria.
Comenzaron también los trabajos para operativizar las reformas laboral y
política. Y también se está gestando la reforma del sistema judicial. La
prioridad del gobierno es el área social. Reducir la brutal desigualdad
entre las clases sociales en el Brasil, donde el 10% más rico detenta el 42%
de la riqueza nacional, mientras el 10% más pobre comparte apenas el 0.9% de
la riqueza. Somos 175 millones, de los cuales sólo 40 millones tienen acceso
al mercado de consumo superfluo; y 44 millones viven en estado de miseria y
desnutrición.


Por eso, el gobierno prioriza el programa Hambre Cero, que trata de no sólo
erradicar el hambre, sino también de promover la inserción social de 11.3
millones de familias. En el 2003, gracias a la interacción entre los
programas Hambre Cero y Bolsa Familiar -creado para reforzar al anterior-
fueron beneficiadas 3.6 millones de familias. Todas con condicionantes o, si
prefieren, con deberes, como el acompañamiento prenatal a las mujeres
embarazadas, la asistencia sanitaria a los recién nacidos, la alfabetización
de adultos, la escolaridad de niños y jóvenes, etc.


Los programas sociales de nuestro gobierno se apartan del carácter
asistencialista. Un programa asistencialista es aquel en el que el
beneficiario retrocede en sus derechos sociales cuando el proveedor -en este
caso el Estado- deja de ayudarlo. El Hambre Cero y la Bolsa Familiar fueron
pensados para emancipar a las familias beneficiarias de la dependencia del
poder público, a través de los mecanismos de transferencia de renta y de
políticas públicas, como alfabetización, salud, escolaridad, cooperativismo,
microcrédito, etc.- capaces de crear las condiciones necesarias para que la
familia avance de la exclusión a la inclusión social.


El desafío del gobierno en este año 2004 es adecuar la política económica a
las prioridades de la política social, generando empleos, promoviendo la
reforma agraria, combatiendo la violencia. Al contrario que en la Nicaragua
sandinista, no tenemos a Reagan a nuestra espalda, pero tenemos la deuda
externa, que embarga los recursos del país; no tenemos la agresión de los
'contras', pero tenemos el narcotráfico y una situación de violencia que
desemboca en casi 40 mil asesinatos al año; no hicimos ni pretendemos hacer
una reforma institucional, pero debemos realizar cambios de estructuras para
reducir el impacto, en la nación, de las políticas neoliberales, como la
reducción del desempleo.


Queremos, sí, un gobierno con amplia participación popular, lo que explica
el hecho de que Lula haya creado, para su asesoría, un sector de
Movilización Social, en el cual yo ejerzo mi trabajo.


* Traducción de José Luis Burguet. 21 enero 2004

http://alainet.org/active/show_news.phtml?news_id=5464