Entrevista Exclusiva a Gustavo Gutiérrez



Gustavo Gutierrez: Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades
2003
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ADITAL: Los teólogos de la liberación sistematizaron una vivencia que
fue naciendo en el medio popular de la iglesia. Siendo que Ud. fue el
primero a reconocer y a escribir sobre la nueva acción del Espíritu en
Latinoamérica ¿puede recordar un hecho concreto o el momento que
despertó su atención para las novedades que estaban naciendo dentro de
la iglesia?

Gustavo Gutiérrez - Creo difícil hablar de un hecho singular. Me
parece que se trata, más bien, de la confluencia de dos procesos
históricos.

Por un lado, a través de pequeños pasos, que se fueron acelerando con
los años, asistimos en las décadas de 1950 y 1960 a una nueva
presencia de los pobres del continente en la escena social y política.
Los que habían estado, en cierto modo, ausentes de nuestra historia
(físicamente, siempre habían estado ahí, pero eran invisibles)
empezaban a hacerse presentes. Llegaban, como decía Bartolomé de Las
Casas de los indios en el siglo XVI, "con su pobreza a cuestas".

Por otro lado, con esta irrupción histórica del pobre, que no estaba -
y que no está - sino en sus primeros momentos, converge otro proceso
que se desarrolla dentro de la iglesia católica: el concilio Vaticano
II. El concilio insistió en la intuición de Juan XXIII: estar atento a
los signos de los tiempos; abrió así nuevas pistas para la vida
cristiana y para el anuncio del evangelio. En esa línea el Papa Juan
habló, poco antes del inicio del concilio, de la iglesia de los
pobres, haciéndose cargo de la nueva conciencia que se tomaba de esa
condición inhumana que llamamos pobreza.

Esos dos procesos, cuyos alcances percibimos lentamente, llevaron a
numerosos cristianos, de medios populares y de otros ambientes
sociales, a comprometerse con los pobres y contra la pobreza, como una
exigencia de su fe, se ahonda la pastoral en medios pobres, se
afianzan las comunidades cristianas en esos ámbitos buscando pensar su
fe desde esa experiencia. La teología de la liberación busca
reflexionar sobre esa práctica a la luz del mensaje cristiano. Si
hubiese que buscar un hecho como punto de partida, ese sería la
práctica que acabamos de mencionar.

A. ¿Cuál es la motivación profunda de esa vivencia teológico-pastoral,
que continúa inspirando a tanta gente, a pesar del modelo de iglesia y
de sociedad vigentes?

G.G. - Tengo la impresión que eso puede deberse a varios factores. A
un contacto estrecho con la realidad, y con los inevitables cambios
que se dan en ella. Es una reflexión sobre la fe que, no pretende
colocarse en un ángulo muerto de la historia para verla pasar,
colocándose en una cómoda neutralidad ante los acontecimientos que
golpean a las personas. Busca, más bien -con todas sus limitaciones y
con lo mucho que le queda por hacer- como el Verbo de Dios, según el
evangelio de Juan, poner su carpa en medio de la historia, de la vida
cotidiana.

Lo que significa, segundo elemento, que es una teología fuertemente
marcada por la lectura de la Biblia, que nos revela a un Dios de la
vida que rechaza sin cortapisas la situación de muerte prematura e
injusta, significación última de la pobreza. Muerte física prematura e
injusta, lo vemos con claridad en el mundo de hoy, y muerte cultural,
igualmente, en la medida en que se discrimina a alguien por razones
culturales, raciales o por su condición de mujer. Todo eso es la
pobreza en la Biblia y, por ello, se presenta de este modo, desde un
comienzo, en teología de la liberación; en esa perspectiva, a pesar de
ser muy importante, la dimensión económica no es sino una de sus
dimensiones. Es importante tener presente la complejidad - o, como hoy
dicen los economistas, la multidimensionalidad - de la pobreza.

Cuentan también, y mucho, otros factores: las opciones tomadas por la
iglesia latinoamericana en Medellín. Puebla y Santo Domingo, así como
el testimonio - hasta la entrega de la vida - que numerosos cristianos
han dado en su esfuerzo por reconocer el rostro de Cristo en el rostro
de los maltratados y oprimidos.

A. ¿Qué sería lo más urgente para que la teología y la práctica
pastoral de la liberación ayuden al mundo a encontrar soluciones a sus
problemas como el hambre, la guerra, el autoritarismo armado, etc?

G.G. Denunciar todo lo que atenta contra la dignidad de la persona
humana, especialmente de aquellos que sufren sistemáticamente de una
situación de injusticia. El amor al prójimo es inseparable del amor a
Dios.

Los problemas que menciona la pregunta son hechos históricos
complejos, con aspectos que se mueven en campos en los que la
reflexión teológica no tiene una competencia especial. Pero sí un
aporte que dar. Ella puede hacer que crezca el respeto por los
derechos humanos, así como el rechazo que su violación (como el
hambre, la guerra, la tiranía) debe provocar en un creyente, y en toda
persona. No hay que olvidar que la religión, el cristianismo incluido,
ha sido utilizado, y continúa siéndolo, para justificar esas
situaciones. Lo estamos viendo en estos días con motivo de la invasión
de Irak, una guerra - con todos los sufrimientos que acarrea y con las
consecuencias que pueden durar años - sin ninguna justificación, como
lo ha denunciado enérgicamente Juan Pablo II.

Cuantas veces se ha pretendido también, y en muchos casos esta idea se
ha arraigado en algunos sectores populares, que la pobreza es algo así
como un hecho natural, casi una fatalidad. Un destino y no, como lo
que es, en verdad, una condición creada por manos humanas y, por lo
tanto, susceptible de ser cambiada. No hay solución a los problemas
mencionados, y a tantos otros semejantes, si junto con las
imprescindibles medidas de orden social, político y legal, no se
cambian las mentalidades, para poder crear los caminos que hagan
frente a situaciones inhumanas. La cantidad de cristianos que han sido
asesinados, o han conocido otras formas de maltrato y exclusión, en
América Latina, por esta solidaridad y este testimonio, prueba que no
hablamos de abstracciones.

A. La nueva visión teológica que nació en América Latina ¿podría ser,
también, un denominador común para contribuir a la unidad entre las
culturas de nuestro continente?

G.G. No sé si la expresión correcta sería decir que ella puede ser un
denominador común. Pero lo cierto es que la gran mayoría de la
población de América Latina vive en una condición de marginación e
insignificancia social, ocasionada por causas distintas. Es importante
estar atento a esa diversidad, y a no reducir la situación de conjunto
a uno solo de los motivos que la producen; además, en muchos casos las
causas se acumulan en las mismas personas.

Es legítimo y enriquecedor acentuar una dimensión que consideramos
poco valorada, pero sería grave que se hiciera en detrimento de otros
aspectos de la situación de insignificancia, con el riesgo de crear
una oposición, en el fondo absurda, entre quienes comparten una
condición de pobreza y marginación. Este es un punto clave en la
perspectiva de la teología de la liberación.

A. A partir de la teología de la liberación nacieron otras teologías
como: la teología afro, india, de la mujer, favoreciendo la
enculturación. ¿Cómo la reflexión teológica puede contribuir para
fortalecer la articulación de estos sectores diferentes de la
sociedad?

G.G. Creo que ese es uno de los hechos más importantes en la reflexión
teológica que se hace entre nosotros. Son una expresión del proceso en
curso que hemos llamado la irrupción del pobre. La profundización de
las diversas vertientes de la situación de marginación y exclusión,
hace ver la crueldad de situaciones en las que viven tantos habitantes
de este continente, y, al mismo tiempo, refuerza la percepción de que
la pobreza no es únicamente carencias, los pobres son seres humanos
con valores humanos y culturales que tienen mucho que aportar al
proceso de liberación, a una convivencia social humana y justa y a la
inteligencia de la fe.

Las diferentes líneas teológicas que menciona la pregunta subrayan una
diversidad enriquecedora para todos; ellas están en pleno proceso,
haciendo un trabajo sumamente valioso y tienen mucho por delante. Me
parece que sí, la teología puede jugar un papel en la articulación a
la que se alude; pero esa articulación requiere, también, un buen
análisis social e histórico que permita ver, en toda su crudeza, los
desafíos comunes que enfrentamos.

A. ¿Cuáles son los temas que la realidad latinoamericana plantea al
quehacer teológico, hoy? ¿Cuáles de estos temas Ud. está trabajando
prioritariamente?

G.G. Quizá lo primero que conviene decir es que la pobreza, con la
complejidad recordada, no es sólo un problema social, importante para
quienes sienten una vocación especial en este campo. Se trata de una
cuestión humana que constituye una interpelación a la conciencia
cristiana, por eso es un desafío a la reflexión teológica.

La teología está al servicio de la vida cristiana, del seguimiento de
Jesús, que llamamos espiritualidad, y al servicio de la tarea eclesial
de anuncio del evangelio. Esta es su razón de ser, es una re-flexión
viene después de la práctica del cristiano, en vistas a contribuir a
su fidelidad al testimonio y a la enseñanza de Jesús, que nos hace
caminar por dos grandes rutas, sin las cuales no hay vida cristiana
auténtica: la contemplativa o mística y la profética o del compromiso
en la historia. La teología de la liberación viene de una pregunta:
cómo decirle al pobre - y a toda persona - que Dios lo ama, cuando sus
condiciones de vida parecen contradecir ese amor que la Biblia
considera incluso dirigido a ellos en primer lugar.

En este tiempo, estoy intentando retomar los fundamentos bíblicos de
la opción preferencial por el pobre - que constituye el centro mismo
de la teología de la liberación - para considerar lo que esta
perspectiva tiene que decir ante los retos que se presentan hoy, como
la globalización por ejemplo. Si nos inspiramos en un texto del
Antiguo Testamento pienso que es importante preguntarse por dónde
dormirán los pobres en el siglo que acaba de empezar. La teología es
una hermenéutica, una interpretación, de la esperanza, de los motivos
que tenemos para esperar. Por eso está estrechamente ligada a cómo
vivir hoy el mensaje de Jesús.

A. ¿Cómo aprecia Ud. los procesos político-sociales que han culminado
en los resultados electorales de Brasil, Bolivia y Ecuador?

G.G. Bueno, hay variaciones grandes entre ellos. El caso del Brasil es
particularmente significativo. Es interesante, indudablemente, que, de
una manera u otra, la voz de los marginados se haga sentir. Pero
sabemos de la labilidad de los procesos políticos, de las presiones
internacionales y de otros obstáculos que se encuentran en el camino
de cambios sociales importantes. No lo recuerdo en un tono pesimista,
sino para tener presente que es necesario estar vigilantes. Y no
olvidar que se requieren cambios muy profundos que, aunque ligados a
los procesos políticos, van más allá de ellos.

A. ¿Qué significado tiene para Ud. su inserción a la familia
dominicana, y cuál la repercusión de ello en su labor teológica?

G.G. Es resultado de un proceso muy largo, de muchos contactos
personales y de diferentes situaciones. Ha jugado un papel importante
la cercanía con el modo de hacer teología, ligada a la predicación y a
la espiritualidad, que aprendí de maestros dominicos, Chenu, Congar,
Schillebeeckx y otros, y de uno, lejano en el tiempo, pero muy cercano
por otras razones, Bartolomé de Las Casas. Espero en esta nueva
situación tener un marco importante para trabajar la línea teológica
que acabo de recordar. Aprecio y agradezco mucho la forma tan fraterna
con la que he sido acogido.



AGENCIA DE INFORMACIÓN FREI TITO PARA AMÉRICA LATINA (ADITAL),
25/04/03