ARGENTINA:Imágenes de un naufragio




Marcela Valente

BUENOS AIRES, 27 mar (IPS) - El naufragio de Argentina conduce a mujeres y
hombres empobrecidos a intentar recursos desesperados, como vender su
cabello o su sangre, lanzarse sobre un camión de ganado accidentado para
faenar allí mismo a los animales o a permanecer en fila para otros a las
puertas de un banco durante toda la noche.

En todos estos casos, que se registraron en la última semana, hay rasgos
comunes. Hay una reacción desesperada, espontánea, improvisada y masiva,
determinada por la necesidad elemental de conseguir alimento. En diciembre,
la misma presión había llevado a muchos al saqueo de supermercados.

El propietario de una fábrica de pelucas de la ciudad de Rosario, en la
nororiental provincia de Santa Fe, comentó en una entrevista radial que la
devaluación del peso encareció las importaciones y su empresa se quedó sin
el insumo básico para las cabelleras artificiales.

La solución fue anunciar la compra de cabello. La reacción del público
superó todo lo imaginado por los dueños de la empresa, Beauty Center.

"Llegaban familias enteras, algunos recorrieron 30 kilómetros en bicicleta
con los hijos, traían el cabello ya cortado o nos pedían que se lo
cortáramos nosotros de un tijeretazo", dijo Ana Durán, de Beauty Center. Y
se volvían con 10 o 15 pesos (tres a cinco dólares) cada uno.

Se presentaron 400 personas en dos días y hubo incluso quien dijo que lo
hacía "para poder pagar la cuota" del automóvil que había adquirido.

El pago fue de 300 pesos por kilo de cabello (unos 100 dólares). Pero nadie
podía ofrecer mucho más de 30 gramos. Sin proponérselo, la fábrica compró en
esos dos días el material que necesitará todo el año para sus pelucas,
destinadas principalmente a personas que pierden el cabello por tratamientos
de quimioterapia.

"Estuvimos comprando cabello en mal estado, que sabemos que lo vamos a
tirar, pero lo hicimos porque la gente estaba desesperada, nos decía que no
tenía para comer, y nos ofrecía a todos los hijos para cortarles el pelo.
Estaban dispuestos incluso a que les cortáramos sin darle ninguna forma,
pero nosotros contratamos a un estilista", relató Durán.

La depresión económica comenzó hace más de tres años y se profundiza. La
pobreza ha aumentado hasta alcanzar a 44 por ciento de la población, o 14
millones de personas, según información oficial. Y el desempleo abierto
afecta a casi 24 por ciento de la fuerza de trabajo, de acuerdo con estudios
privados.

La devaluación dispuesta en enero determinó el aumento de la canasta básica
de alimentos y cayeron los salarios de los que tienen empleo. El poder
adquisitivo bajó para todos, y el mayor impacto lo sintieron quienes
perciben el magro subsidio previsto para jefes o jefas de hogar sin empleo.

Numerosos desempleados se ofrecen para guardar turno para terceros ante los
bancos, para comprar dólares que desde este lunes se vendieron a una
cotización regulada en algunos bancos y casas de cambio. Ese servicio se
paga desde 15 a 100 pesos, según la ubicación en la fila y los movimientos
del mercado cambiario.

Trece por ciento de las personas que estaban en las larguísimas filas -de
hasta 600 metros- confesaron a la empresa de encuestas IBOPE que ocupaban el
lugar para otros.

Un hombre que se ubicaba entre los primeros frente al estatal Banco Nación
comentó que estuvo allí toda la noche y que ya había recibido un anticipo
del cliente a quien reservaba el turno. Era un ex empleado de la empresa
Aerolíneas Argentinas, que trabajó allí durante 22 años, hasta su despido.

Tiene 40 años y tres hijos y hace dos años que no consigue más que trabajos
eventuales. "Una vez que cobre me voy a donar sangre. Me ofrecieron 15
pesos", comentó. Quien le pagó por esperar hasta que el banco abriera sus
puertas fue una mujer, que consultó a los 10 primeros de la fila. Debía
acompañar a un familiar hospitalizado.

Los medios de comunicación destacan esos episodios como una nueva
manifestación de la crisis social que hace tres meses se tradujo en el
saqueo de supermercados y de otros comercios, con un saldo de 30 muertos.
Los saqueos precipitaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, el
20 de diciembre.

Una radioemisora de Buenos Aires llamó el martes al economista Marcelo
Lascano, asesor de organismos multilaterales, para consultarlo acerca de la
desconfianza que llevaba al público a aguardar largas horas frente a los
bancos para canjear pesos por dólares.

Lascano respondió con otra pregunta. "¿Y qué opina usted de la gente
sacrificando animales brutalmente para comerlos?".

El economista no salía de su asombro tras ver en imágenes de televisión a
varios centenares de personas que descuartizaban a los animales
transportados por un camión de ganado que volcó cerca de Rosario, la segunda
ciudad por población de Argentina.

Se trataba de 22 vacas. El conductor del camión fue llevado a un hospital y
habitantes de la zona, en una ruta de la provincia de Santa Fe, no se
hicieron esperar y rodearon a los animales.

Mientras el personal de una ambulancia y la policía trabajaban en el
accidente, los vecinos pidieron a los agentes que se les permitiera
sacrificar allí mismo a los animales, para asar la carne y comerla.

El ganado, que estaba destinado a un frigorífico, fue entregado a quienes lo
reclamaban después de algunas discusiones y forcejeos.

Así, de manera improvisada, unos 400 hombres y mujeres se abocaron a la
tarea. Entre tres y cinco personas se ayudaban a despedazar cada animal de
manera improvisada. "En mi familia somos 30 y ninguno de los hombres
trabaja", decía desesperada una mujer, con la ropa ensangrentada por la
carnicería.

Un hombre joven criticó a los dirigentes políticos, que no han aportado las
soluciones demandadas por la crisis. "Ellos viven bien y comen bien, no
tienen problemas. En cambio, nosotros nos estamos muriendo de hambre, pero
nos ayudamos y vamos a repartir todo esto", prometió, señalando a los
animales carneados.

Habitantes de la localidad de Deán Funes, en la central provincia de
Córdoba, se presentaron este miércoles en el área de comercios y
supermercados para pedir comida, mientras varios gendarmes custodiaban el
lugar. Los locales cerraron sus puertas y repartieron bolsas de alimentos
para calmar a la multitud.

Marta Martínez, una jubilada de 75 años, de clase media, comentó a IPS que
nunca había vivido una crisis como la actual. No se refería especialmente a
su situación personal, sino a los casos angustiantes que la rodean y a
familias numerosas que no tienen lo elemental para subsistir.

Martínez se reúne en Buenos Aires con un grupo de jubiladas para tejer ropa
y donarla a las provincias. Pero sabe que eso no basta, un comentario muy
repetido estos días entre las organizaciones de ayuda social, que vieron
mermar las donaciones y aumentar de modo exponencial los pedidos de
asistencia en alimentos y vestido.

"En mi infancia se vivía la crisis del 30, y la gente hablaba mucho de eso y
de la falta de trabajo. Pero nunca -repitió con énfasis-, nunca se llegó a
lo que se está viendo ahora, a una situación tan desesperante y angustiosa
como esta", aseguró la mujer, con la voz quebrada por la impotencia.(FIN)

Nello

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